Desde hace años, el tráfico de seres humanos se practica principalmente porque es un negocio extremadamente lucrativo. Según informaciones de la Oficina de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el Delito (UNODC), sólo el tráfico internacional de mujeres y niños moviliza anualmente de US$ 7 mil millones a US$ 9 mil millones, con menor lucro, sólo ante el tráfico de drogas y el contrabando de armas. Se estima que, por cada persona conducida ilegalmente de un país a otro, el lucro de las organizaciones delictivas llega a US$ 30 mil.
Además, según relevamiento de la UNODC, la práctica del tráfico de seres humanos crece en todo el mundo, principalmente en los países del este europeo. Sin embargo, esta cuestión es evidente tanto en los países más pobres, donde las víctimas generalmente son embaucadas, como en los más ricos, hacia donde estas personas son enviadas.
Puesto que es un problema en constante combate, el tráfico de seres humanos recibió varias definiciones. En síntesis, traficar significa reclutar, transportar, transferir o albergar personas para fines de explotación. Aquél que trafica está involucrado en la explotación de la persona traficada. La definición aceptada internacionalmente está contenida en el Protocolo para Prevenir, Suprimir y Castigar el Tráfico de Personas, Especialmente de Mujeres y Niños, en suplemento con la Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen Organizado Transnacional, más conocida como Convención de Palermo.
El documento fue ratificado por Brasil el año 2003 y define el tráfico de seres humanos como “reclutamiento, transporte, transferencia, albergue o recibimiento de personas, por medio de amenazas o uso de la fuerza u otras formas de coerción, de rapto, de fraude, de engaño, de abuso de poder o de una posición de vulnerabilidad o de dar o recibir pagos o beneficios para obtener el consentimiento para que una persona tenga control sobre otra persona, para propósitos de explotación”.
La persona traficada puede haber sido forzada o haber dado su consentimiento. Esto puede suceder cuando el traficante recurre a la amenaza, la coacción, el fraude, el engaño, el abuso de autoridad o la situación de vulnerabilidad de la persona o la entrega o aceptación de pagos o beneficios. El consentimiento de la persona traficada se llama “engaño” y no se suprime la caracterización de delito. Siendo así, inclusive dando su consentimiento para ser traficada, la persona continúa teniendo el derecho de ser protegida por la ley. Una situación bastante común es el embaucamiento por la oferta de empleo. De esta forma, muchas mujeres son traficadas y, generalmente, para fines de explotación sexual.
La explotación también se configura cuando la persona traficada es sometida a servicios forzados o a la esclavitud. Existe además el tráfico que tiene como fin la remoción y venta de órganos. El Proyecto Trama entiende que existe explotación siempre que los derechos humanos son violados.
El Proyecto Trama comenzó en abril de 2004 con el objetivo de desarrollar acciones de enfrentamiento al tráfico de personas para fines de explotación sexual. Esta iniciativa se realizó mediante la formación de un consorcio de cuatro entidades no gubernamentales: la Organización de Derechos Humanos Proyecto Legal; el Instituto Brasilero de Innovaciones en Salud Social - IBISS; CRIOLA (una organización de mujeres afro-brasileras); y la Universidad del Gran Río – UNIGRANRIO, todas con sede en el estado brasilero de Río de Janeiro y con reconocida actuación y experiencia en la defensa, garantía y promoción de los derechos humanos.
Enfrentamiento
Traficar es violar los derechos humanos. Partiendo de este presupuesto, el enfoque principal para el enfrentamiento debe venir en el sentido de una mejor defensa y garantía de los derechos humanos de las personas traficadas. Con todo, existe la dificultad de enfocar sólo un punto, ya que entidades de todo el mundo se organizan alrededor de temas diversos.
Dependiendo del enfoque y de la definición de tráfico de personas pueden existir varias formas de enfrentamiento. Esta situación torna el combate más difícil, tanto en el ámbito nacional como internacional. Porque para cada uno de estos enfoques, las estrategias de acción son diferentes. Según la clasificación de Trama, los enfoques pueden ser: de internet, migratorio, económico, social, racial y/o de género, laboral, delictivo, de derechos humanos.
Medidas
La diversidad de enfoques genera diversas medidas a adoptar. Estas medidas están divididas básicamente en dos tipos: represivas y protagonistas. En el primer caso, puede suceder que, con el objetivo de enfrentar el tráfico de seres humanos, se tomen medidas contrarias a los intereses de las personas traficadas, dificultando la migración legal, disminuyendo las posibilidades para el trabajo en el exterior y limitando, principalmente, los derechos de las mujeres migrantes.
Las medidas protagonistas parten del raciocinio básico de que, el día que haya posibilidades suficientes para migrar de manera legal y segura, y los migrantes tengan garantizados sus derechos, nadie más caerá en las redes del tráfico de personas. Esto tal vez sea posible cuando varios países firmen la ‘Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migrantes y de los Miembros de sus Familias’.
Con informaciones de www.trama.org.br
Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com
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