Domingo, 19 de mayo de 2013
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Fray Tito, 30 años de su marti

“Cuando se seque el río de mi infancia, el dolor secará”. (Tito de Alencar)

 

El 10 de agosto se cumplen 30 años de la trágica muerte de Fray Tito de Alencar Lima (1), ocurrida en L’Arbresle, al sur de Francia. En su dolor quedó registrado lo que el militarismo brasilero produjo de más hediondo y, en él, se refleja la venerable indignación de cuantos piensan la política como expresión colectiva de los principios éticos.

 

En el sufrimiento de Tito, símbolo de las víctimas de torturas relacionadas en el libro “Brasil, Nunca más” (Ed. Vozes), se inscribe la esperanza de todos los que creen en la política como mediación de utopías liberadoras. Preso, en noviembre de 1969, en la ciudad de São Paulo, acusado de ofrecer infraestructura a Carlos Marighella, Tito fue sometido a “la palmatoria” y a choques eléctricos, en el DEOPS, en compañía de sus cofrades.

 

En febrero del año siguiente, cuando ya se encontraba en manos de la Justicia Militar, fue retirado del Presidio Tiradentes y llevado a la Operación Bandeirantes, mas tarde conocida como DOICODI, en la calle Tutoia. Durante 3 días, golpearon su cabeza contra la pared, le quemaron la piel con brasa de cigarros y le dieron choques eléctricos por todo el cuerpo, en especial, en la boca, “para recibir la hostia”, gritan los verdugos.

 

Fernando Gabeira, preso a su lado, acompaña todo. Quieren que Tito denuncie a quien le ayudó a conseguir la casa de campo de Ibiúna para el congreso de la UNE (Unión Nacional de Estudiantes), en 1968, y firme un testimonio aseverando que los dominicos participaron de asaltos a bancos. En el límite de su resistencia, con la hoja de afeitar que le dieron para barbearse, Tito se corta la arteria interna del codo izquierdo. Fue socorrido a tiempo en el hospital militar, en Cambuci.

 

Las incesantes torturas no abren la boca del fraile dominico de 28 años de edad, mas le marcan el alma. Se cumple la profecía del capitán Albernaz, de la Oban (‘Operación Bandeirante’): si no habla será quebrado por dentro, pues sabemos hacer las cosas sin dejar marcas visibles. Si sobrevive, jamás olvidará el precio de su silencio.

 

En diciembre de 1970, incluido en la lista de presos políticos canjeados por el embajador suizo Giovanni Bucher, secuestrado por la VPR (Vanguardia Popular Revolucionaria) de Lamarca, Tito es desterrado del Brasil por el gobierno del general Médici. De Santiago de Chile viaja para París, sin jamás recuperar su armonía interior. En las calles de la capital francesa, “veía” el espectro de sus torturadores. Transferido para L’Arbresle, próximo a Lyon, en su estrecho cuarto del convento construido por Le Corbusier, Tito se estremecía  a los gritos del padre golpeado en el DOPS (Departamento de Orden Política Social), gemía a los gritos de la madre colgada en el ‘pau-de-arara’, se asustaba de miedo a los espasmos de sus hermanos electrocutados, se contorcía en escalofríos bajo el fantasma del delegado Fleury. Su mente naufragaba en delirios.

 

Tito no recupera, en el exilio, la paz que le fue secuestrada. El día 10 de agosto de 1974, un extraño silencio se hizo latente bajo el cielo azul del verano francés, envolviendo hojas, vientos, flores y pájaros. Nada se movía. Entre el cielo y la tierra, bajo la copa de un álamo, se balanceaba el cuerpo de Fray Tito, colgado en una cuerda.

 

El suicidio fue su gesto de protesta y de reencuentro, con el otro lado de la vida, de la unidad perdida. Dejó registrado en las páginas de su Biblia que “es mejor morir que perder la vida”.

 

De retorno al Brasil, en marzo de 1983, los restos mortales de Fray Tito tuvieron una solemne acogida en la catedral de la Sé, en una celebración presidida por el cardenal D. Paulo Evaristo Arns. Hoy, reposan en Fortaleza. No se apagó, todavía, la luz de su ejemplo.

 

La creatividad artística captó el rastro de sangre que hace camino. El corto-metraje Fray Tito, dirigido por Marlene França, recibió aplausos en festivales del exterior, conquistando en Cuba el premio al mejor corto-metraje, en el Festival Latinoamericano de Cinema, y, en Brasil, el premio Margarita de Plata, de la CNBB.

 

Premiada por el Servicio Nacional de Teatro, la obra de Licinio Rios Neto, en memoria de Tito, “No sería el Arco del Triunfo un monumento al Pau de Arara?”, fue prohibida por la Censura Federal durante el régimen militar, impidiendo de montarla a Ricardo Guilherme, para recorrer el país.

 

Adélia Prado lo homenajeó en un poema emocionado. Oriana Fallaci le dedicó el libro “Un hombre” en el que narra su pasión por Panagoulis, un líder de la resistencia de la dictadura griega. El senador italiano Raniero La Valle escribió sobre Tito, “Fuera del Campo”, editado en Brasil por Civilização Brasileira.

 

Clara de Góes encontró en Tito la fuerza inspiradora para uno de sus libros de poesía. Fray Tito es venerado por muchas personas de fe que recurren a su intercesión en busca de gracias. Recordarlo es rescatar el sacrificio de todos los que, en Brasil, lucharon por la restauración del orden democrático. Aun es frágil, pero prometedora, considerando que la sociedad civil continua organizándose y movilizándose en la conquista de la ciudadanía y en la consolidación de la democracia.

 

Celebrar la memoria de Fray Tito es homenajear el sacrificio de todos los que, en Brasil, vivieron la bienaventuranza de la sed de justicia y del hambre de libertad. Y no temieron dar la vida para que todos tuviesen vida, y vida en plenitud (Juan 10,10).

 

“Cuando seque el río de mi infancia,

el dolor secará.

Cuando sequen los arroyos cristalinos de mi ser,

mi alma perderá su fuerza.

Buscaré, entonces, pastajes distantes,

ahí donde el odio no tiene un techo para reposar.

Levantaré, allí, una tienda junto a los bosques.

Todas las tardes, me echaré en la hierba,

y en los días silenciosos haré mi oración.

Mi eterno canto de amor:

expresión pura de mi angustia más profunda.

En los días de primavera,

cogeré flores,

para mi jardín de la nostalgia.

Así exterminaré el recuerdo

de un pasado sombrío”.

(Poesía de Fray Tito, escrito en Francia el 12 de octubre de 1972)

 

*Fray Betto es escritor y teólogo

 

(1) Artículo escrito por ocasión del 30 aniversario de su muerte

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