Jueves, 23 de mayo de 2013
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05.06.12 - Mundo
Pentecostés: ‘La valentía de dejarse guiar por el Espíritu’
Pe. Adroaldo Palaoro sj
Adital

"El Espíritu Santo es el buen humor de Dios" (Pedro Casaldáliga)

El relato de la aparición del Resucitado aparece unido al don de la paz, de la misión, del Espíritu y del perdón.

Juan, que no informa sobre el episodio de Pentecostés, había localizado ya el don del Espíritu Santo desde el mismo momento de la muerte de Jesús, "inclinando la cabeza y entregó su espíritu." Lo que ahora hace es confirmarlo como un don del Resucitado.

La imagen de "soplar sobre ellos", contiene una riqueza profunda: significa compartir lo que es más "vital" de una persona, su propia "respiración", su mismo espíritu, todo su dinamismo; es una imagen que nos hace sentir la respiración común que compartimos con Él y con todos los seres.

Las tribulaciones y angustias más radicales del ser humano son reunidas y transformadas por el soplo del Espíritu: un soplo vital que posibilita el triunfo de la esperanza contra la desesperación, de la comunión contra la soledad, de la vida contra la muerte. La voz sopla donde quiere, la Palabra viene de lo alto, el Espíritu llega impetuoso rompiendo el silencio de la muerte. El viento trae la vida, pero no saben de dónde viene ni a dónde va.

De hecho, "Espíritu" parece ser uno de los nombres más apropiados para referirse a Dios como el Dinamismo de vida y de Amor hace todo lo que existe. Desde el comienzo de los tiempos y desde antes, está acostumbrado a abrigar su creación, a habitarla, a fecundar, remover y renovar todo cuanto existe.

Según el libro del Génesis, en el principio de la creación de la multiplicidad de elementos - el "agua" – representaba el caos. Allí el Espíritu estaba "flotando", creando una armoniosa integración – "cosmos”.

Él y Ella son también todos los géneros: es femenino en hebreo (ruah), neutro en griego (pneuma) y masculino en latín (spiritus).

El Espíritu es dinamismo, vida, relación comunión divina. Es aliento, viento agua. Es ungüento, y consuelo, es compañía. El Espíritu invención es fuente de creatividad, de auténtica novedad. Es fuente de nuevas posibilidades en el mundo, energía inaugural de nuevas auroras. Es la energía materna de Dios que calienta el corazón de la Creación, y que sostiene todas las cosas.

En la Biblia hebrea, el Espíritu tiene forma femenina: es "la Ruah", la brisa, el "aleteo" de Dios sobre las aguas, soplo impetuoso que genera vida, que impulsa el aliento y la respiración que se mantiene la vitalidad dinámica del ser humano. Respiración, aliento, viento, soplo, fuerza, calor... con nombre de mujer que habla de maternidad y de ternura, de vitalidad y caricia.

Hay un icono medieval, un cuadro es muy interesante que se encuentra en una Iglesia de Urschalling en Alemania, que representa a la Trinidad, donde está el Espíritu, entre las figuras masculinas del Padre y el Hijo, y está representado con un rostro y un cuerpo mujer. La Ruah en hebreo, es el soplo que posibilita la existencia, la base de todo lo que vive, es un término femenino, "la Espíritu".

En los relatos de la Creación, la Ruah de Dios crea la armonía en el caos, dando a cada creación su lugar, y el espacio que necesita para desarrollar sus capacidades .En esta relación correcta, cada hierba, cada montaña, cada ser vivo tiene su lugar y significado.

Hoy en día somos conscientes y podemos dar gracias a la presencia de la Ruah como presencia femenina en aquellos y aquellas que luchan por la paz y la justicia en su complicidad con los ciclos que favorecen la vida, la contribución del ecofeminismo a la integridad de la creación.

Desatar la dimensión femenina que las mujeres y los hombres llevamos dentro de nosotros es un signo del movimiento de la Ruah. Damos la bienvenida a su potencial para la ternura, el cuidado y la resistencia frente a todas esas situaciones fuerzas que desintegran la vida; haciendo de la colaboración, la interdependencia, el diálogo y la apertura a las diferentes culturas y a las diferentes tradiciones espirituales y nuevas f y necesarias maneras de situarnos en el mundo.

El ser humano vive tensionado entre dos polos, entre la luz y la oscuridad, entre el cielo y la tierra, entre la fragmentación y la unidad, entre el espíritu y el instinto, entre la soledad y la vida en común, entre el miedo y el deseo, entre el amor y el odio, la razón y el sentimiento... Esta es la tierra propicia donde actúa el Espíritu. Dónde hay más carencia, necesidad, vulnerabilidad, pobreza… hay más creativas posibilidades Ninguna situación puede separarnos de Su visita, por el contrario mayor desamparo, mayor proximidad, mayor sufrimiento mayor unción.

Todas las tierras en barbecho son buenas para el Espíritu. Él es un incansable buscador de la fragilidad y el conflicto. En el no amor, la no-existencia, no-posibilidad, viene con un. "Sí" valiente y fuerte que recrea de nuevo nuestra historia estableciendo el "cosmos" (armonía y la belleza) en nuestro "caos" existencial.

Vivir una "vida en el Espíritu" es dejarnos recrear, dejarnos mover, transformar, extender.

Soltar las asas en los momentos más petrificados y pesados en nuestras vidas es un signo de su presencia Silenciosa.

Inmediatamente, nos pareció que estábamos libres del peso que fuimos arrastrando durante tanto tiempo, y por un momento, nos atrevemos a "vivir en el viento"

Eduardo Galeano tiene una bonita historia sobre el vuelo del albatros podría ser una parábola sobre la vida guiada por el Espíritu:

"Vive en el viento. Vuela siempre, volando duerme. El viento no lo no lo cansa ni lo desgasta. A los sesenta años, todavía continúa, dando vueltas y más vueltas alrededor del mundo.

El viento sopla y le anuncia de donde vendrá la tormenta y le dice a donde está la costa. Nunca se pierde o se olvida el lugar donde nació, pero la tierra no le pertenece, ni el mar. Sus cortas piernas apenas pueden caminar, y flotando se cansa.

Cuando el viento lo abandona, espera. . A veces el viento demora, pero siempre vuelve: lo buscan, lo llama, y lo conduce, se deja volar con sus alas enormes planeando en el aire. ".

Hablar del Espíritu es celebrar Pentecostés y, por lo tanto, celebrar la fiesta de la vida. Él es el último Soplo último, el Dinamismo vital que late en todos las expresiones aspectos de vida que podemos ver y que en ellas se manifiesta. No hay nada donde no podamos percibirlo, nada que no hable de Él.

Él es el "ambiente de realización del ser humano," porque en Él la vida adquiere profundidad, consistencia…, dándonos firmeza y voluntad, equilibrio a los sentimientos e iluminación a la mente.

No es extraño que, con el Espíritu, Jesús envía a sus discípulos en Misión: y es el Espíritu – su soplo - el que se manifestará en nosotros y quiere que nosotros nos dejaremos guiar por Él, como lo hizo Jesús.

Creer en el Espíritu Santo, porque "sin el Espíritu Santo, Dios está lejos, Cristo está en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la iglesia es una simple organización, y la autoridad es tiranía, la misión es propaganda, la liturgia es el arcaísmo, y la vida cristiana es una moral de esclavos.

Sin embargo, en el Espíritu, es una sinergia inseparable, el cosmos se ennoblece por la iluminación del Reino, el ser humano a lucha contra el egoísmo, y Cristo Resucitado se hace presente, el Evangelio es una fuerza vivificadora la Iglesia celebra la comunión de la Trinidad, y la autoridad se transforma en servicio, la liturgia en memorial y anticipación y la acción humana es divinizante". (Patriarca Ignacio de Antioquía, Upsala, 1968).

Textos bíblicos: Juan 20, 19-24, Hechos 2,1-11.
En el nombre del Padre, del Hijo y de la Santa Ruah Amén

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