
Las gestas de la
Revolución Sandinista evocan ineludiblemente la historia bíblica de David y
Goliat: el surgimiento de un proceso de transformación social original, en un
pequeño país periférico de América Central, con una larga historia de intervenciones
militares, saqueos y humillaciones por parte de los gobiernos imperialistas de
EE.UU., que, en los años treinta del siglo pasado, después de tramar asesinato
a traición del líder nacionalista y antiimperialista, Augusto C. Sandino,
instauraron y respaldaron una dictadura militar dinástica, que fue servil a sus
intereses hasta su derrocamiento por la masiva insurrección popular encabezada
por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), en julio 1979.
Nicaragua, en cierto sentido, ha vivido procesos singulares. Sufrió la dictadura militar pro-imperialista más prolongada de América Latina; padeció el bombardeo de la aviación norteamericana a la población civil de Ocotal, en 1927 (9 años antes que el bombardeo nazi a Guernica, España); organizó con Sandino la primera guerra de guerrillas del continente que consigue expulsar a los invasores norteamericanos, en 1933. Vivió a partir de 1979 un intenso proceso de cambios, proponiéndose desarrollar simultáneamente los siguientes ejes: recuperar la soberanía nacional; fortalecer el poder popular en el marco del pluralismo político y del desarrollo de una economía mixta; e impulsar una política internacional de no alineamiento, anti-imperialista y de promoción de la unidad de América Latina en torno a su autodeterminación.
Para un país pequeño, considerado por los EE.UU. como su exclusivo patio trasero, recuperar la soberanía nacional era un difícil ejercicio, que pasaba por consolidar la unidad nacional y por diversificar las dependencias, para obtener recursos para su reconstrucción.
Este proceso fue tejido en Nicaragua que, en medio de la guerra, la fuga de capitales, crisis económicas, desastres climáticos característicos del Caribe consigue realizar entre sus principales logros:
- reducir el analfabetismo
y ampliar el acceso a la educación;
- organizar un sistema de salud gratuito que atiende a la mayoría de la
población;
- iniciar un proceso de reforma agraria;
- rescatar las experiencias de lucha contra las intervenciones imperialistas,
encarnadas principalmente en Benjamín Zeledón y Sandino, fortaleciendo un
sentido de dignidad nacional;
- e iniciar un proceso de reconstrucción nacional, que fue frenado por la
guerra de agresión.
Otro logro muy importante frecuentemente olvidado es la total disolución de los cuerpos represivos de la dictadura somocista, constituyendo nuevas instituciones: ejército y policía efectivamente nacionales. Este logro se expresa, por ejemplo, en una policía efectiva en el combate al narcotráfico, con una seguridad pública muy superior a los países vecinos del Norte y de Centroamérica; y en un ejército con sentido de servicio a la nación, probado en situaciones de desastre y del que no se puede esperar un golpe de Estado, como el vivido en Honduras (2009).
Unas las claves que explican el triunfo sandinista y su capacidad de resistencia a una cruel guerra de agresión financiada por la administración Reagan es nutrirse de valores culturales que tenían fuerza en el corazón del pueblo. Por ejemplo, la vertiente del cristianismo liberador, que si bien orgánicamente es minoritario, tiene expresión en muchas prácticas de compartir solidario ejercidas en las comunidades rurales y grupos cristianos: como fiestas religiosas en las que, en nombre de Dios, María o algún santo, entregan comida entre los más necesitados, u organizan iniciativas para atender emergencias de los más pobres de la comunidad. Pero la principal fuerza de esta visión cristiana en el seno del pueblo puede identificarse en la indignación ética ante los crímenes de la dictadura, que fue generando una corriente cada más caudalosa de voluntades que colaboraban con la causa de enfrentar a la dictadura y que, ante la agresión de ésta principalmente a los jóvenes, se decidían a incorporarse a la lucha dirigida nacionalmente por el Fsln.
Como ya es conocido, el avance del pueblo nicaragüense en revolución provocó, por un lado, una guerra constante y criminal de parte de las fuerzas más conservadores de los EE.UU., organizando, financiando, asesorando y respaldando con sofisticados recursos tecnológicos, la mal llamada "guerra de baja intensidad”, que produjo además de decenas de miles de muertos, mutilados y enfermos crónicos, la destrucción de muchas cooperativas de producción agropecuaria, escuelas, centros de salud e incluso de una de las terminales portuarias para descarga del petróleo. Esta situación obligó a concentrar todos los recursos en la defensa militar; a reducir los servicios de salud, educación y los recursos para el abastecimiento básico; a imponer un estilo militar, reduciendo los espacios de debate y educación popular; a inviabilizar el desarrollo económico del país por el bloqueo económico de los EE.UU. y la destrucción causada en la base productiva del país.
Por otra parte, la consistente defensa del pueblo nicaragüense generó un amplio movimiento de solidaridad internacional en varios países de América Latina, Europa, Canadá y los mismos Estados Unidos. Tal movimiento de solidaridad ayudó también a dinamizar la discusión política en los países donde ésta se generaba. Y provocó encuentros de diferentes sectores de izquierda que no se juntaban e incluso se adversaban en sus países de origen.
En 1990, en medio de una gravísima crisis económica, del desgaste político generado por la guerra, de los errores políticos internos, se produjo la derrota de electoral del Fsln. Los errores, como sabemos, han sido magnificados por la gran prensa; se han presentando como una grande debacle moral casos de corrupción difícilmente controlables en una situación de transición, falta de salidas y ante la arrolladora imposición de políticas y prácticas neoliberales que impelían al individualismo, la fragmentación y estimulaban corrupción. Se criticó hasta la saciedad la llamada "piñata sandinista”, pero no se informó como, en la orgía neoliberal, todas las empresas estatales rentables del pueblo nicaragüense fueron entregadas a empresarios privados, en su mayoría extranjeros, por menos del 10% de su valor real. Ejemplo emblemático es el Hotel Montelimar, entregado a una cadena turística española (Meliá) por 4 millones de dólares pagaderos a largo plazo, en tanto el Estado nicaragüense había invertido en sus instalaciones más de 40 millones de dólares.
Volviendo a la singularidad de los procesos vividos en Nicaragua, queremos apuntar que siendo la última revolución latinoamericana armada triunfante del siglo XX, fue la primera en entregar el gobierno, el 1990, aceptando los resultados electorales adversos. Pero, además, el Frente Sandinista es la primera fuerza política que regresa al gobierno [en 2007; esta vez por la vía electoral], a pesar de la permanente descalificación de sucesivos gobiernos de EE.UU.; e inmediatamente ingresa al Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), fortaleciendo con su experiencia de lucha esta alianza y siendo fortalecida y apoyada por ella.
Unos de los elementos constantes y duraderos de la política del Fsln ha sido su consecuente posición anti-imperialista, expresada, entre otros casos, en la exigencia del retorno al orden constitucional en Honduras, en 2009, y el reclamo de que los gobiernos de EE.UU. cumplan de alguna forma con la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia, de las Naciones Unidas (La Haya, Holanda), que, en 1987, declaró a los Estados Unidos como Estado agresor contra Nicaragua; mandó cesar la agresión y a pagar una indemnización de 17 mil millones de dólares al Estado nicaragüense por los daños provocados. Aunque el gobierno de los EE.UU. no aceptó la jurisdicción de la Corte, el peso moral de dicha sentencia sentó un precedente y no puede ser ignorado.
El Frente Sandinista, en medio de complejas alianzas políticas, retornó al poder en 2007. La gran prensa internacional le acusa de haber perdido el rumbo y no representar una buena opción para el pueblo nicaragüense. Sin embargo, el pueblo nicaragüense refrendó su mandato en 2011, otorgándole más del 60% de la votación para presidente y diputados. El presidente Daniel Ortega y equipo ha sido artífice de una hábil política de alianzas internas que ha permitido el crecimiento del apoyo popular al Fsln y el fortalecimiento del proyecto de país.
Por otra parte, se dice que el Fsln, después de la derrota electoral del 1990, renunció a sus principios. Sin embargo, el énfasis de sus políticas actuales está en mejorar y ampliar los servicios de salud y educación; programas sociales de créditos para los pequeños y medianos productores; programa Hambre Cero y de generación de empleos.
Se afirma también que está dentro de la lógica capitalista. Pero, ¿se pueden tener iniciativas económicas fuera de las reglas de juego capitalista? Se trata, en esta fase, de ir abriendo espacios para iniciativas de economía solidaria y fortaleciendo el papel del Estado en la orientación general de la economía, aplicación de las leyes laborales y en políticas redistributivas de las ganancias productivas. Se trata de buscar caminos para enfrentar las maniobras de los capitales especulativos, lo que no resulta fácil de realizar.
Un eje definitorio del actual proceso sandinista es su permanencia, actuación y crecimiento en el Alba, en la dinámica de afirmar caminos de autodeterminación, de prevalencia de los derechos e intereses de las mayorías empobrecidas; de crear espacios efectivos de vida digna para la presente y futuras generaciones, no solo en ámbito de un pequeño país como Nicaragua, sino en una perspectiva regional, que haga viable el cuidado ecológico y el desarrollo de una economía solidaria consecuente con la satisfacción de las necesidades de las grandes mayorías.
Otro elemento significativo es la promoción del liderazgo de las mujeres y de los jóvenes, invitándoles a organizarse efectivamente en el Frente; comprometiéndoles en la organización popular y trabajos voluntarios de servicio social; proponiendo, por ejemplo, iniciativas de ley que garanticen la paridad de género en la presentación de candidaturas a cargos electivos.
Hay actualmente un importante esfuerzo político en marcha para fomentar formas de democracia directa, la organización del poder ciudadano y la ampliación de la representación de la población en los Concejos Municipales. Todo ello es un desafío que exige mucha reflexión a partir de la práctica y ser profundizado, para lograr un efectivo ejercicio de democracia directa.
El destacado pensador, fundador del Foro Social Mundial, François Houtart, expresa claramente: "el Alba es el único proyecto, no solamente en América Latina, sino en el mundo donde hay un paso realmente post-capitalista, donde se prevé orientar la economía no en función de la competitividad, como en el mundo capitalista, sino en función de la complementariedad y de la solidaridad. Y eso es totalmente nuevo, es totalmente anti-capitalista. Y también con la participación de los movimientos sociales…” (...); "…el proyecto es asociar la expresión organizada de los pueblos a esta construcción; todo esto es realmente un proyecto totalmente post-capitalista y anti-capitalista. Es decir, un proyecto socialista”.
Para terminar, nuestro homenaje a los miles de luchadoras/es y combatientes heroicos que en Nicaragua y Centroamérica lucharon y dieron sus vidas por la defensa y permanencia del proyecto latinoamericano y antiimperialista de Sandino y de Carlos Fonseca; a los luchadores que en toda Centroamérica trabajan cotidianamente en la construcción de una sociedad fraterna.
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