La cruz, vacía como fuente de esperanza, hace que todos aquellos/as que hemos sido redimidos por la cruz seamos también fuentes de esperanza.
El tema es retomado del canto que lleva ese nombre, compuesto
por el Pastor luterano brasileño, Silvio Meincke
1ª Cor 1:18-24
“Los judíos piden milagros y los griegos
buscan un saber superior. Mientras tanto,
nosotros proclamamos un Mesías (libertador) crucificado”.
1 Corintios 1.22
La comunidad cristiana de Corinto atrajo a un buen número de personas con influencia del pensamiento griego y otros que creían y esperaban mucho, milagros, señales, y querían desarrollar la comunidad de acuerdo con esas corrientes. El gran problema que Pablo enfrentó en Corinto, fue las tendencias divisoras elitistas (1:11-12). Por lo que, el tema central de la carta es la unidad de la comunidad.
En la Biblia, y Pablo en especial, utiliza mucho la Paradoja, muchos aspectos fundamentales se expresan en forma de Paradoja, esta consiste en un afirmación, que parece contradecir una aparente verdad, pero que en realidad contiene esa verdad, de manera profunda, recordemos Mt 10. 39 “el que intente salvar su vida, la perderá, y el que sacrifique su vida por mí, la hallara”
En la teología paulina encontramos los fundamentos de la Teología de la Cruz que en el tiempo de la Reforma del Siglo 16, retomara Lutero, este reformador observó que hay un tipo de teología, del Dios que está “oculto” en los sufrimientos de la humanidad. A Esa teología el reformador llamo Teología de la Cruz, Dios “oculto” en los que más sufren y veía en oposición lo que hoy conocemos como Teología de la Gloria.
Teología de la Gloria: Promueve el individualismo, realización de obras de beneficencia, “benévolas” caritativas, que no buscan transformar la realidad injusta, solo son, diríamos hoy “asistencialistas”, “los Diezmos” se multiplican, principalmente en búsqueda de la Gloria, el Éxito, la Prosperidad de algunas personas. Se propicia un escape de la realidad, mediante la exaltación de oraciones y cantos, predicaciones, que no tienen relación con la realidad injusta, se evitan, esquivan, acciones proféticas en búsqueda de la justicia, se prefiere hablar del Cristo Todopoderoso, Victorioso, y no del clavado en la cruz. Intentan quedar bien con Dios y con el Diablo, lo cual no es posible para el Dios y Señor de la Justicia. La cruz es para ellos un escándalo. Y no fuente de esperanza.
Aquí en El Salvador, igual que en Guatemala y otros países de la región, vemos productos de esta teología: enormes templos e institutos teológicos, construidos a costos millonarios o multimillonarios, que contrastan con las champitas en las que viven muchísimas personas, y que contrastan aún más con las grandes cantidades de personas, niños/as en su mayoría ni siquiera tienen la dicha de contar con algo cómodo donde recostar su cabeza, tiene por techo el cielo y por cama el suelo. Son una afrenta a los cristos crucificados/as de hoy. Teología de la Gloria, del Éxito, la prosperidad, son apellidos de una misma verdad.
Lo propio de la persona y de una comunidad heredera de la Reforma del siglo 16 es la Teología de la Cruz.
La Cruz de Cristo es fuente de esperanza para El Salvador de hoy, para el mundo.
Es mucho más importante Ser Cristiano, que parecer y no Ser. El llamado es Parecer y Ser cristiano/a.
No es fácil la situación que nos toca vivir y desarrollar la Vida Cristiana, estamos intentando vivirla en un ambiente saturado de violencia, los asesinatos, la gravísima situación económica que nos herederos veinte años de gobierno para grupos y no para el pueblo, todo ello aunado a muestras de “cristianismos” que por una parte van con la Teología de la Gloria o Prosperidad y por otra parte van con actitudes “museales” dignas de cualquier museo de la Iglesia, apareciendo por todos lados, sin estar en ninguno, solo donde hay dinero, estos, más que acercar a las personas al Evangelio de la Cruz y la esperanza, alimentan el secularismo en las nuevas generaciones. En fin, es una realidad que nos coloca retos enormes, pero también es grande la esperanza.
La cruz no es una novedad teórica o doctrinal, sobretodo un modelo, un de estilo de vida. El Dios que nos revela Jesús Crucificado, el Hijo del Hombre, nos interpela, nos cuestiona, nos presenta permanentemente el reto a vivir la vida cristiana con pasión y entusiasmo liberador. Al mismo tiempo que nos cuestiona nos reta, nos recuerda que el mismo Jesús crucificado es el resucitado, muestra de que el presente y el futuro está en las manos de Dios y de sus hijos e hijas. El reino ya está en medio de ustedes decía Jesús hace más de 2000 años.
La cruz es la demostración que Dios ama a la humanidad y no quiere verla crucificada y quiere que esa humanidad llegue algún día a vivir como resucitada.
Por eso la Cruz de Cristo es fuente de esperanza porque El venció la muerte y la mentira, por eso es ahora Señor de la Historia, Juan 16. 33 “Ustedes encontraran persecuciones en el mundo, pero sean valientes Yo he vencido al mundo”
Hoy los dioses del poder y del dinero, de la exclusión no quieren que haya transfiguración, no quieren que haya liberación, en este país, y a pesar de sus divisiones y conflictos, están colocando todos sus esfuerzos por mantener el control del país, recuperar los espacios perdidos, y para lograr eso no se limitan en sus esfuerzos.
Pero el Cristo Crucificado si quiere que se dé la transfiguración de nuestro pueblo, la transfiguración, transformación de El Salvador.
Y nos invita hoy a cada uno/a que también seamos fuentes de esperanza, entre otras ideas, proponemos:
1.- Ámbito Personal. Poner los pies y caminar por el Camino de la superación del “hombre o la mujer antiguos” (Rom 6,6). Renunciar a nuestros orgullos y egoísmos personales. El centro ha de ser Dios y su reino, y no uno/a mismo/a; y eso solo se logra “negándose a sí mismo/a”. No es posible un amor extremo a los otros/as, si uno/a no está totalmente liberado/a de sí mismo/a, poner en práctica y con pasión, la Justicia como aspecto fundamental en la vida personal, que pueda trasparentarse en mis relaciones con otros seres humanos y con otros seres vivos.
2.- Comunidad de fe. Practicar la Esperanza. Que se logre la superación de cualquier dificultad, problema, mal entendido, conflicto, que no permita que avance el trabajo del reino que debe hacer la Comunidad de Fe. Si hay conflictos entre algunos/as de la comunidad, enfrentarlos y resolverlos con amor, fraternidad y madurez cristiana y volverlos una oportunidad para sumar personas y avanzar hacia el reino. Y así fortalecer la Comunidad de fe, promoviendo activamente la Inclusión, la realización de la justicia, la solidaridad y el amor. Incluir. Debemos insistir en este tema: Inclusión, pues la exclusión es la que tanto daño causa a nuestras sociedades y Comunidades de Fe.
3.- Compromiso comunitario amplio y social. Propiciar, recrear, construir, entretejer tejidos sociales locales, organización por cuadras, barrios y colonias, fortalecer, renovar, crear el entretejido del Poder Popular Comunitario iluminado por el Cristo Crucificado y resucitado, en clara y evidente coordinación con instancias que sean de confianza en la comunidad, alcaldías, o agentes, jefes de confianza en las estructuras de la Policía Nacional Civil. Esforzarse responsablemente en la construcción de un país en el que hagamos entre todos/as evidente la paz con justicia. Hay que crear con todos los esfuerzos al alcance, espacios para los y las jóvenes sean o no sean de la confesión de fe que promueve el esfuerzo, sin proselitismos, cuidado,…hay que tener muchísimo cuidado en no crear “canastos” invisibles para ganar “almas” para Cristo, debe prevalecer, la causa del reino que a todo salvadoreño/a, sea de la confesión que sea o sin confesión de fe cristiana, le interesa, le compete.
4.- Compromiso de Nación, de Pueblo de Dios en El Salvador. Desde estos tres espacios anteriores, mantener y mejorar la denuncia de estructuras saturadas de pecado, ocultas y personas que engendran odio, división y que hace que los económicamente pobres se maten entre ellos mismos. En las predicaciones, hay que llamarlos al arrepentimiento a la conversación al Dios de la Vida.
Somos llamados/as a dar testimonio de esta esperanza enorme en la Resurrección de este pueblo salvadoreño, que todos/as vean en nosotros/as, vidas de amor, de compromiso con el Cristo esperanza de este país y del mundo.
Hermanos/as recordemos que Jesús, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, no muere en la cama, sino enfrentado a los poderes político-económicos y religiosos de su tiempo. El que muere en la cruz no es un hombre cualquiera, sino que es "ecce homo", el Hombre Dios, el Mesías enviado por el Padre, el Hijo Unigénito de Dios, el Hijo del Hombre, no es un hombre divinizado, sino Dios mismo. En El Salvador, aun sin tocar a fondo las estructuras de poder económico, se notan las reacciones negativas de esos poderes. Dios ayude al nuevo gobernante, sus funcionarios y al partido político que los llevo al poder formal, para que encarnen los anhelos e ideales de este pueblo.
Asumir la cruz es parte fundamental de la espiritualidad cristiana. Porque allí se funda la espiritualidad de la esperanza activa.
Jesús Vivió al lado de los excluidos, marginados y explotados de su tiempo, y fue crucificado por los poderes de su época, por el compromiso que asumió, hasta las últimas consecuencias, con la causa de los pobres y excluidos/as, que es la causa de Dios, Jesús al morir como insurrecto, subversivo, condenado por el sistema, hacia morir el sistema de muerte de su tiempo y de todos los tiempos, por eso, los poderes ocultos que provocan dolor y muerte hoy, ya están destruidos, minados, derruidos, por la sangre de Cristo; y al resucitar, al vivir, en el corazón, la mente, el espíritu de sus discípulos y discípulas, resucitaba, óigase bien, a una nueva vida en plenitud. Y sigue resucitando en cada mujer y hombre que lucha y trabaja por la liberación definitiva.
Dios nos invita a reafirmar nuestra postura insurrectos/as, subvirtiendo todo sistema corrupto y de muerte, negarnos a entrar “en la lógica, en los esquemas de este mundo” (Rom 12,2) para experimentar desde ya la resurrección.
Un cristiano/a crucificado con Jesús trabaja por la justicia mediante un amor sufriente, porque la praxis de liberación tiene sabor de cruz, de fe eficaz y de resurrección, sabor que puede degustar quien trabaja apasionadamente por la causa de liberación.
Cargar la cruz como Cristo, es asumir el compromiso liberador, hasta el extremo: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13).
Sufrir y morir siguiendo de este modo al Crucificado es vivir ya, es en cierta manera como resucitados/as, pues al morir con Cristo, comenzamos a disfrutar una vida que no tiene fin, una vida que no llega solamente después de la muerte, sino que comienza a manifestarse ya en esta vida, cuando somos solidarios, inclusivos, y amamos con pasión de liberación, manteniendo y consolidando un talante revolucionario de servicio, de diaconía, a la manera de Jesús. Vamos paso a pasito, creando Comunidad del Cristo Esperanza del Mundo y de El Salvador
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