Marcos 12. 38-44
“La esperanza cristiana, clave y fuerza de nuestra verdadera liberación”
Mons. Oscar Arnulfo Romero. Titulo de su homilía, para el 18 de noviembre de 1979.
Palabra de Dios escrita:
“Reunirá a los elegidos de los cuatro vientos”
“El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán”
El pasaje evangélico para este domingo contiene elementos proféticos, de exhortación, escatológicos, apocalípticos, todo el capitulo trece es un discurso con la lógica de Marcos, el pasaje es parte de ese discurso.
Lo apocalíptico: los grandes cambios cósmicos simbolizan la intervención de Dios en la historia; allí coloca, Marcos la proclamación de la “venida del Hijo del hombre”. A ello se vincula aquí, lo profético, la Denuncia: angustia para los que actúan contra la Vida, Justicia y Verdad, en tanto Anuncio de Buena Nueva: los Ángeles de Dios reúnen a los que han sido fieles, con Dios, así como él es fiel con ellos, ellas. Esta parte es la exhortación: la fidelidad en el discipulado.
Lo escatológico hace referencia a “lo último”, lo definitivo. El templo, las configuraciones y elementos del universo cambiaran, todo puede cambiar, pero hay un aspecto que no cambia y es el que Jesús quiere resaltar: "Mi palabra no pasará".
Marcos intenta animar las comunidades cristianas sumidas en un ambiente complicado, difícil, tratando de fortalecer la esperanza con la fe en la venida del Hijo del hombre. En la idea de que, en tanto aquello sucede, los discípulos y discípulas deben estar atentos/as, a todo lo que ocurre en el entorno, aprender a leer los signos de los tiempos, y conducir nuestras vidas en fidelidad al que siempre es fiel, el que mantiene su palabra, “la palabra del Dios Liberador permanece para siempre”, es en cierta manera, una convocación, para aportar en la parte de la historia que nos toca vivir, en el lugar que nos toca, en el momento histórico que nos toca. En la esperanza del Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, que viene, pero que también ya esta entre nosotros/as.
Como telón de fondo están las palabras de Isaías 40. 1- 11, favor leerlas:
Yahvé o Jehová (YHWH) es un Dios activo, fuerte y poderoso, que no duerme, es más fuerte que las potencias cósmicas, y así Isaías desacraliza los astros que eran elevados a divinidades por algunos pueblos de la antigüedad; el Dios liberador, se reviste de poder, un guerrero que viene en ayuda de su pueblo; saca a la batalla su propio ejército (ángeles, personas que actúan en nombre de Dios) un Dios que actúa a favor de los suyos; es un Dios generoso, que “da”, se “da” en y con abundancia; es Pastor de su pueblo. Por ello su Palabra permanece para siempre.
Esto nos recuerda la introducción del Evangelio de Juan. “Y el verbo (palabra) se hizo carne, y habito entre nosotros…” El concepto, Palabra de Dios, intenta expresar la comunicación de los “pensamiento”, los “propósitos”, mediante su auto-revelación. Esto es un antropomorfismo. La Palabra es el Dios que se revela, se da a conocer al ser humano, encarnándose, Dios, su palabra se “hizo carne”.
Dios le pone carne a su Palabra Gálatas 4. 4 en la persona de Jesucristo. De allí que lo que hizo y dijo Jesús es Palabra de Dios que permanece para siempre, hoy, Dios en cierta manera, Dios mantiene su palabra, mediante su influjo, inspiración, a los que intentamos ser discípulas, discípulos de la Palabra encarnada: Jesús, el carpintero de Nazareth
Palabra y realidad:
En el mes de noviembre, el pueblo salvadoreño, va cada vez más, sumando acciones, situaciones, sucesos, que van contribuyendo a conformar, construir una Memoria Colectiva de Luto y Esperanza. Esperemos en Dios y sus hijos e hijas que esa Memoria Colectiva se refuerce, mantenga, consolide y expanda a cada generación venidera.
Luto, se origina en el latín, luctus, que significa “dolor”, “aflicción”. Luto proviene del verbo luyere que es igual a lamentarse, llorar, por la perdida, ante la muerte. Estar de luto es estar con dolor. El dolor es parte de la vida y la muerte, implica sanidad, sanación, el dolor es también, parte del mensaje de muerte, y la sanación parte del mensaje de la Vida. Son contradicciones y la vida se genera en medio de las contradicciones, así como el germen de los cambios es la contradicción que genera avance de la humanidad: Muerte,… que engendra vida.
“la muerte no es, realmente, la última palabra” Dijo el teólogo evangélico Moltmann.
La esperanza es la que nos sostiene, cristianos o no las personas tienen esperanzas en un futuro diferente, en el que se pueda vivir en condiciones diferentes, a las actuales, mas dignas para los seres humanos, y eso a motivado y motiva a cristianos o no, al incasable activar por llegar a una situación mejor, algunos/as dicen “aunque yo no lo vea pero trabajo hoy para que las próximas generaciones vivan mejor que nosotros” Nuestros ancestros en sus tradiciones nos enseñan que el cuidado del medio ambiente no es cuestión para una generación, sino para muchas generaciones. Y aunque esto “no pegue” o no vaya con lo que las teologías tradicionales digan o sostengan, nuestras tradiciones han comprobado ser mas respetuosos del medio ambiente que otras propuestas teológicas impuestas en nuestra realidad Latinoamericana.
La esperanza cristiana tiene otros ingredientes:
El resucitado, que supero, a la muerte de una vez y para siempre, el Hijo del Hombre, el Cordero, el que libera para Dios a toda la raza humana, el que libera a la raza humana para amar hasta las últimas consecuencias, digno de recibir, poder, riqueza, sabiduría, gloria, alabanza.
Los y las que han “lavado” sus ropas en la sangre del Cordero, que están ante el trono de Dios y son diáconos y diaconisas de Dios por siempre, nuestros/as mártires.
El mes de noviembre este pueblo salvadoreño, honra, conmemora, celebra a sus mártires, una gran cantidad de ello/as les fueron arrebatadas sus vidas en noviembre de 1989 y en otros años, otros meses, ellos y ellas, con su sangre inocente derramada han hecho del mes de noviembre, un mes sagrado. Un mes de héroes y heroínas, personas que se entregaron sin límites por amor al pueblo.
En noviembre del 2009, le han sido arrebatadas sus vidas a muchos salvadoreños/as que murieron a causa de los estragos que provocaron las lluvias del Huracán Ida, todos ellos y ellas, personas de escasos recursos económicos, personas que vivieron en zonas de alto riesgo, como pueblo lloramos, lamentamos, sentimos el dolor, por haber perdido tantas vidas.
Todos esas muertes son vidas de martirio, el motivo de su “morir” es también el motivo de su “vivir”, el motivo es procurarse, buscar la Vida.
Ser Mártir, no conlleva necesariamente el hecho de haber vertido la sangre por mantener el testimonio de la fe en el Señor Jesús, Mártir es el o la testigo, la persona que da testimonio de su fe en Jesús. Son testigos/as del Cristo que ha vencido la muerte para procurarnos la posibilidad de entretejer con él, un nuevo, un diferente futuro.
Ante tanto dolor, histórico y actual, llorar es de humanos, es imposible dejar de conmoverse ante la ausencia física de seres queridos, de compañeras y compañeros de un mismo caminar por el reino. Es natural y normal, sentir rabia e impotencia ante los falsos ídolos de la muerte que viven de la sangre inocente derramada. ¿Quién no siente eso? Dejaríamos de ser humanos.
Las vidas que fueron arrebatadas por las aguas, son víctimas de una acumulación de años de injusticia estructural, víctimas inocentes de un sistema que prioriza cualquier cosa, menos la Vida.
Desde esa situación estamos convocados por Dios nuestro Pastor a “levantarnos”, y confesar con hechos y palabras que Jesús el Cristo, es el Señor de la historia, él que incondicionalmente acompaña a nuestro pueblo y a todos los pueblos que caminamos con la mirada puesta en el reino.
Toda la sangre derramada de los inocentes, hijos e hijas de Dios nos convoca a reforzar la Esperanza Activa, esa que no solo espera, sino que actúa como inquietante, inquietud, en la historia, esa que se pregunta: ¿Donde está Dios en esta calamidad nacional? Y obtiene como respuesta, que Dios está en los y las que están en los refugios improvisados, en los niños/as que no tendrán una esplendida, lujosa y exótica cena para celebrar la Navidad, en el refugiado/a que por trabajar por la Justicia se ve forzado a abandonar su país, en la discípula o discípulo que fue echado/a, expulsado, dejado, abandonado en el camino por salteadores que eran religiosos, pero no cristianos como se autodenominaban. Dios está sufriendo, pero también está trabajando incansablemente en toda persona que trabaja apasionadamente por la Justicia.
El Dios liberador nos Con-voca hoy, (pues es una vocación, un llamado de Dios) para cambiar, las estructuras injustas que causan la muerte de los inocentes, desde el “lugar” donde estemos, con el poder que nos llega mediante el Espíritu Santo, Dios nos convoca a cuidar la creación y la Vida en todas sus expresiones.
Hoy nuestros héroes y mártires están muy presentes, la coyuntura actual y el futuro venidero es nuestro, del pueblo.
Hoy, noviembre de 2009, necesitamos reforzar la esperanza en un El Salvador tal y como lo soñaron, quienes ya no están físicamente con nosotros, pero que siguen vivos y vivas en todo esfuerzo por la Vida, por pequeño que parezca.
Recordemos que entre más oscura la tiniebla, mas brilla la luz de la esperanza que construimos colectivamente.
“Dios da fuerzas al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna”. Isaías. 40. 29-30.
+++
En la memoria histórica de la Iglesia Cristiana Popular Salvadoreña:
Para no olvidar a nadie, para no marginar a nadie para incluir a todos y a todas, nuestras y nuestros mártires, hoy no citamos nombres, sino un poema que es un recordatorio, un llamado una Con-vocación, una celebración y conmemoración a nuestros/as héroes, heroínas y mártires. Dios bendiga al pueblo salvadoreño y a todos los pueblos de nuestra Patria Grande:
CANCIÓN SALVADOREÑA
Farabundo, corazón
que en El Salvador porfía.
Tan pequeña geografía,
tan tenaz revolución.
Se hace verdad la utopía
de Morazán, compañero.
Mujer, campesino, obrero
trenzaron sus manos ya.
Va a florecer San Romero
y El Salvador vencerá.
(Don Pedro Casaldáliga).
Inicio