Introducción
Agradezco la invitación que me hicieronpara participar en estas JornadasTeológicas Andinas, en vista de la celebración del 50 aniversariodel Concilio Vaticano II.
En esta conversación con ustedes, me propongo simplemente revivir algunos momentos de este acontecimiento amplio que fue el Concilio Vaticano II. Más en forma detestimonio personal, que de reflexión teológica en torno a los vastos temas que este Concilio suscita.
Después de 50 años de la realización del Concilio Vaticano II, ya son muy pocoslos obispos vivos que participaron en las cuatro sesionesconciliares. El 24 de agosto pasado,murió en Brasil DomClemente Isnard, uno de los baluartes de la renovación litúrgica. Todavía vive D. José MaríaPires, con 93 años de edad.
Se puede decir que la generación delos obispos conciliares ya se ha ido.Ahora, somos herederos de un evento que involucró profundamente ala Iglesia, cuyo impulso de renovación nos
corresponde a nosotros sustentar.
Personalmente, me siento obligado a dar mi testimonio del contexto en el quese llevó a cabo este Concilio. Tuve la suerte de vivir muy de cerca el Vaticano II, como estudiante de teología en Roma en el momento en que se realizaba el Concilio.
Me acuerdo de una manera muy especialla suerte que tuve el 11 de octubre de 1962, en la jornada inaugural del Concilio. Había ido muy temprano a la Plaza San Pedro,
para ver la procesión de obispos quedebía pasar por la plaza y entrar en la Basílica. Estaba allí, muy consciente de la importancia histórica de ese momento.
Ahí fui sorprendido por la oferta inesperada que FreiBoaventura Kloppenburg me hizo. Él estaba encargado de las
credenciales de los periodistas de
habla portuguesa. Y como no había
aparecido ninguno, me preguntó si
yo quería una credencial de periodista.Yo acepté rápidamente. Puse en el bolsillo la faja verde y amarilla de seminaristabrasileño, continué en la plaza hasta la entrada de los obispos y del Papa, y luego me presenté en la puerta
central de la
Basílica, garantizado con mi credencial de periodista! Me miraban desconfiados, pero me dejaron entrar. Fui acercándome,
hasta quedar muy cerca del Papa, más cerca que todos los cardenales,
arzobispos y obispos.
Así puede ver de cerca, con mis propios ojos y oír de la bocamisma de Juan XXIII, su famoso discurso de apertura del Concilio Vaticano II, diciendo enfáticamente que este concilio no sería para repetir anatemas ni para proclamar nuevos dogmas. Pero intentaria una forma nueva y accesible de presentar a las personas de hoy las grandes verdadesque conforman el rico patrimonio que la Iglesianecesita testimoniar a todas las generaciones.
Así que me siento, yo también, ahora responsable para testimoniar lo que fue este concilio. Hace tiempo venía cargando una inquietuden la conciencia, hasta que me decidí a escribir un pequeño libro, al que le di el título "Revisitar o Concílio Vaticano II", donde procuré recordar el intenso proceso de preparación, realización y recepción de este gran concilio. El libro está publicado por Ediciones Paulinas, y sería una buena obra traducirlo al español, ya que fue escrito porun periodista portugués!
Lo que me propongo hacer hoy, es un poco lo que hice
con el librito. Pero prometo queno voy a leer todas las páginas,
no! Porque no quiero matar la curiosidad respecto a él.
También a modo de introducción,
es bueno darnos cuenta de que ahora estamos desafiados a mirar el Concilio desde 50 años de su realización, para responder a las preguntas
inquietantes:
- Hasta qué punto el Concilio Vaticano II sigue siendo válido?
- Sus documentos aún continúan vigentes?
- El proceso ha terminado, o seguimos viviendo las consecuencias del Concilio Vaticano II?
Para responder a estas preguntas, nada mejor que recordar, por primero, las palabras del Papa Juan Pablo II, en la Tertio Millenio Ineunte, donde él afirmó:
"Siento aún más intensamente el deber de indicar al Concilio como la gran gracia que benefició a la Iglesiaen el siglo XX: en él se encuentra una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo quecomienza."
Hecha por ocasión del pasaje de milenio, esta declaración indica claramente la importancia que el Concilio todavía tiene.
Al mismo tiempo, debemos darnos cuenta que vivimos en una época de fuerte reflujodel conservadurismo, que se manifiesta de muchas maneras, y que en algunos grupos de la iglesia se expresa explícitamente como un reto ante el proceso conciliar.
Este es un fenómeno a analizar con calma, para comprenderlo con mucho discernimiento. Sin duda, presenta un serio desafío para la comprensión exacta del Concilio, y para el alcance de sus propuestas de renovación eclesial.
Esto no deja de causar una fuerte perplejidad. Hace 50 años nadie podía imaginar que llegáramos a la situación que estamos viviendohoy, con este reflujo de conservadurismo,cuyo mayor símbolo se identifica en el retorno de la celebración eucarística en los modelos anteriores al Concilio.
Estamos llamados a reflejar mejor lo que está en juegocon este fenómeno. Para ello, sin duda, puede ayudar el conocimiento del contexto histórico, sea delmomento de la celebración del Concilio Vaticano II, como la realidad vivida hoy en día, especialmente con los profundos cambios en marcha, de orden social, religioso y cultural.
Para esto, vamos a proponernos aquí una rápida consideraciónsobre cómo surgió el Concilio, las reacciones suscitadas, el
contexto histórico de aquellos años, la preparación del Concilio, sus momentos
decisivos, sus grandes instituciones, la recepción del Concilio, las resistencias al proceso conciliar, y las perspectivas que se
presentan a continuación.
Todo muy simple y breve! Se tinen paciencia, vamos rapidamente a estes puntos
1) Cómo surgió el Vaticano II
Una primera constatación a hacer:para entender el Concilio, es necessario darse cuenta de lo mucho que él dependió del Papa Juan XXIII. Nunca un Concilio estuvo tan ligado a la figura de un Papa, como el Vaticano II estuvo vinculado a JuanXXIII.
Sin Juan XXIII, este Concilio no habría sucedido. Sin ninguna exageración, se puede decir que este es el Concilio del Papa Juan XXIII.
La dinámica de los hechos que condujeron a la convocatoria de un concilio ecuménico,ya comenzó con la
elección de Juan XXIII. Nadie
esperaba que el cardenal AngeloGiuseppe Roncalli fuera elegido Papa.
Con la muerte de Pío II en octubre de 1958, todo el mundo se preguntaba quién podría sustituir a un papa de la talla intelectual del Papa Pío XII.
El mismo proceso del cónclaveponía de manifiesto la dificultad de encontrar un buen sucesor a Pío XII. Fueron sucediéndose votaciones, con el humo negro insistente para demostrar la dificultad de llegar a un consenso.
Cuando
finalmente el humo blanco apareció,
después de cuatro días, se anunció el nombre de Angelo Roncalli. La
gran mayoría no sabía quién era
el nuevo Papa. Tomando nota que
tenía 77 años de edad, se estaba
extendiendo rápidamente la versión de un "Papa de
transición", que viviría pocos años, hasta que
apareciese alguien en condiciones de seguir adelante el
pontificado de Pío XII.
Por lo tanto, Juan XXIII comenzó bajo el estigma de"Papa de transición", que él mismo asumió, y colocó al servicio de sus planes, que nadie sospechaba tan valientes y dignos de un Papa, que, contrariamente a lo esperado, estaría en la historia como uno de los papas más influyentes sobre la Iglesia de su tiempo. Sorprendió a todos, ysupo aprovechar muy bien la oportunidad que le ofreció la historia.
Comenzó sorprendiendo con la fecha de posesión, elegida por él mismo:
4 de noviembre! Era el día de San Carlos
Borromeo, uno de los obispos que
habían llevado a cabo el Concilio de Trento. El nuevo Papa entendía de concilio!
Pero Juan XXIII supo conquistar muy rápidamente la estima de todos. En pocas semanas, fue identificado rápidamente como el "Papa Bueno", el "Papa de la bondad."
El día de Navidad, para sorpresa de
todos, Juan XXIII salió del Vaticano, y fue a visitar a los niños enfermos en un hospital de Roma. Al día siguiente, fue avisitar a los presos en la cárcelde la ciudad!
Fue suficiente para que todos se sintieran muy felices con el nuevo Papa, de 77 años! Para el pueblo romano, no precisaban otro papa! Y de hecho, la primera misión del Papa es ser obispo del pueblo romano!
Fue en este contexto de admiración porel Papa, y de la pronta adhesión asus actitudes, que se anunció una gran sorpresa. El Papaconvocaria a un concilio ecuménico.
Fue el 25 de enero, fiesta de la conversiónde San Pablo. Estaba
terminando la "Semana de oración
por la unidad de los cristianos", en la basílica de San Pablo en Roma. El Papaestaba invitado, y se estaba preparando para ir.
Tres días antes, (en un testimonio oído con frecuencia del propio Juan XXIII), en una conversación con su secretario personal, Mons. Capovilla, el Papa Juan XXIII, le confió quesentía la necesidad, como Papa, de hacer algo por la unidad cristiana. Y preguntó al secretarioqué pensaba. Y al hacer la pregunta, le vino la respuesta: un Concilio?
La idea no salió más de su mente. Tres días más tarde, en las instalaciones de la Basílicade San Pablo, en la clausura dela "Semana de oración por launidad de los cristianos", Juan XXIII sorprendió a la Iglesia y al mundo con el valiente anuncio de sus planes.
Jugando con el epíteto de "Papa de transición " que le habían dado, afirmó que a pesar de esto, también el tenía planes para su pontificado. Y ahí fue diciendo cuales eran esos planes:
Realizar un sínodo para la Iglesia de Roma,
Actualizar el Código de Derecho Canónico,
Y convocar un concilio ecuménicopara toda la Iglesia!
2. Las reacciones suscitadas
La noticia se extendió rápidamente, y fue recibida conla misma simpatía que ya rodeaba la figura del Papa.
En medio de esta historia, hubo un episodiosignificativo que demuestra bien queel Papa Juan XXIII era consciente del alcance de sus propuestas, muy especialmente de la realización de un concilio ecuménico.
Él realizó un movimiento muy interesante. Antes de ir a la reunión con los cardenales en la Basílica de San Pablo. Juan XXIII había pedido a la Radiodel Vaticano anunciar la noticia del Concilio directamente, sin esperar laclausura de la ceremonia religiosa.
De modo que, cuando los Cardenales salieron, la noticia se había propagado por todo el mundo, como gran titulardel día! Los Cardenales, que habían escuchado con cierto recelo yreservas las propuestas audaces del nuevo Papa, de repente se encontraron con el entusiasmo de la gente con la difusión de las noticias.
Así Juan XXIII consiguió estratégicamente eludir las posibles resistencias que pudieran venir de la Curia Romana. Con el anuncio del Concilio acogido con tanto entusiasmo, nadie se opondría a esta iniciativa. Así que, desde su anuncio, el concilio fue aceptado en la Iglesia con gran entusiasmo y esperanza, especialmentede orden ecuménica, dadas las circunstancias de la semana.
Las expectativas ecuménicas se extendieron rápidamente hasta el puntoque el propio Juan XXIII sintió la necesidad de moderarlas, y explicó que el Concilio sería para la Iglesia Católica. Sin embargo, el clima ecuménico quedó vinculado profundamenteal futuro del Concilio.
Así que la idea del consejo fue aceptado de inmediato con mucho entusiasmo, y fue avalado desde el comienzo por la figura de Juan XXIII.
Incluso antes de empezar, el Concilio modificó el clima eclesial, que rápidamente fue involucrando a todos, suscitando muchas esperanzas de participación y de profundas transformaciones eclesiales.
Teniendo en cuenta estos hecho ahora, después de 50 años, vale la pena preguntarse si la estrategia de Juan XXIII, fue del todo positiva. Ahora nos damos cuentaque propició que las resistencias se acumularan,y luego se manifestaran en la preparación de los documentos conciliares,especialmente en el desarrollo del Concilio, y más aún después de la concluido el Concilio.
El hecho es que se demoró mucho en percibir la consistencia de la oposición al Concilio. Él comenzó con mucho entusiasmo, pero no tomó suficientemente en cuenta el poder de reacción, nichosde resistencia, que por desgraciallegaron a asumir aires de divisiones, y ahora amenazan con contagiar a toda la Iglesia como las cenizas de un volcánen los Andes, que se extiende en todo el continente!
Nunca está de más la búsqueda insistente del diálogo, y de la superación de resistencias, sobre todo cuando se asumen posturas fundamentalistas.
Incluso el propio "Concilio de Jerusalén" muestra la importancia de las concesiones mutuas para garantizar la unidad y la comunión. Incluso "las carnes sacrificadas a los ídolos"fueron parte del compromiso entre las dos corrientes de opinión!
3) El contexto histórico del Vaticano I
Para comprender el clima vivido con tanta intensidad durante el concilio, es necesario constatar el ambiente de optimismo que el mundo vivía en aquel tempo.
Se puede decir que las dos décadas de 50 y 60, fueron las más optimistas de los últimos siglos. Europa estaba reconstruyéndose de la guerra. Los países africanos estaban en pleno apogeo de su independencia,el desarrollo parecía estar a punto de llegar a todos los países, la distensión entre el este y el oestese estaba consolidando, y tuvo en el episodio de los "misiles de Cuba" en 1962, el símbolo del evento, con la aparición del trío de personalidades que reflejan la nueva situación mundial: Kennedy, Kruschev y John XXIII, que iba a escribir la "Pacem in Terris"
Parecía que la utopía de la paz y del progreso universal iba a venir!
El clima de euforia contagió al ambientedel concilio, y se tradujo,especialmente, en el documento conciliar Gaudium et Spes.
Al mismo tiempo, es muy importante otra constatación. El clima de euforia mundial se rompió abruptamente con la "revolución cultural de 1968," la revuelta de los jóvenes y con el rápido inicio del proceso de secularización, que afectó especialmente a los países deEuropa Occidental, donde más de cercase habían establecido esperanzas del concilio.
Si esta crisis hubiese llegado antes, o si el Concilio hubiese sido hecho después, sin duda muchos enfoques hubieran sido diferentes, sea en los documentos para el interior de la Iglesia como los dirigidospara su misión en el mundo.
Un hecho que hay que señalar con mucha claridades el equívoco de interpretación histórica, que se utiliza con gran insistencia por los que combaten hoy al Vaticano II. Acusan al Concilio de haber sido la causa de la secularización que ha llegado profundamentea Europa y otros países. Es un grave error de interpretación histórica.
La secularización habría ocurrido incluso sin que el Concilio se hubiera hecho.
Así, estamos ahora con la molestia de convivir con suposiciones incorrectas, lo que permite acusaciones gratuitas, atribuyendo al Concilio consecuencias, de la que no fue, en absoluto, su causa.
Esto no nos exime de hacer ahora una evaluación lúcida, para percibir como fue conducido el proceso de implementación del Concilio, y especialmente, como se debería proceder en el futuro. La esperanza es que la celebración seria y profunda del jubileo del Concilio, nos ayude a percibir bien los valores importantes que podemos considerar y tomar como referencia en nuestra acción eclesial.
4) La preparación del concilio
Por la pronta adhesión encontrada, se puede decir que el proceso del Concilio comenzó el día 25 de enero de 1959, con el anuncio de su realización.
La convocatoria oficial se hizo realidadel día de Navidad de 1961, en la bula Humanae salutis, cuando Juan XXIII dijo que el concilio se abriria el año siguiente, sin especificar la fecha. Su inauguración oficial se llevó a cabo,efectivamente, 11 de octubre de 1962,fecha de clausura del Concilio de Éfesoen el año 431, cuando la gente aclamóa María como Madre de Dios. Aquí podemos ver el estilo de Juan XXIII. Sin ofender a los "hermanos separados", el Consejo se puso bajo la protección de María.
La preparación del concilio fue muy firmementedirigida por el Papa Juan XXIII, que tenia bien presente su edad y quería garantizar la efectiva realización de su gran sueño.
Lodo tras el anuncio del Concilio,nombró una "Comisión PreparatoriaCentral," con la primera tareade identificar los temas centralesque deberían ser abordados por el Concilio. Por primera vez en la historia, un concilio se convocaba sin problemas específicosa resolver.
La Comisión tuvo la feliz idea de pedir la opinión de los obispos, de los superiores de las grandes congregaciones religiosas, y de los rectores de las universidades católicas.
La respuesta fue sorprendente.
Las sugerencias recogidas llenaron doce grandes volúmenes, que entonces sirvieron como fuente para la elaboración de los 75 esquemas de documentos, ya en la fase preparatoria del concilio.
El hecho es que el concilio se
constituyó en una fuerte experiencia de participación
eclesial, ya por su realización.Antes de declarar que la Iglesia es pueblo de Dios, el Concilio propició a los
cristianos que se sintiesen, de verdad, como pueblo de Dios consciente y participante.
Por esto, la mejor manera de revivir el concilio no es tanto estudiar sus documentos, sino revivir su experiencia de participación eclesial.
5) Momentos decisivos del Concilio
Por primero, el discurso de apertura,el 11 de octubre, se constituyóen referencia muy importante para todo el proceso conciliar. En la declaración enfática de Juan XXIII, sería un Concilio para hacer el gran "aggiornamento"de la Iglesia Católica, con los consiguientesdesarrollos que esta "actualización" comportaba.
Otro punto decisivo se produjo en la primera reunión ordinaria después de laapertura del concilio. La sesión tenía la intención de elegir a las diez comisiones de trabajo. Cada obispo debía presentar 16 nombres para cada comisión. El impasse era evidente.¿Quién iba a tener en la cabeza 160 nombres de obispos para indicar?
Esta situación proporcionó una hábil maniobrade la Curia Romana. En la entrada del aula conciliar, los obispos recibieron diez listas, cada una con 16nombres de obispos. La intención era clara. Colocar en lascomisiones los nombres indicados por la Curia.
Fue entonces cuando el cardenal Lienard, de Lille, propuso suspender la sesión, y dar tres días a los obispos para que pudieran hacer las consultas pertinentes para, en cada episcopado, buscar los nombres más adecuados para cada comisión.
La idea contó con el apoyo de otros varios obispos, y finalmente fue aceptada.
Así se demostró la importancia que tendría, en este concilio, la articulación episcopal para sostener y apoyar el proceso conciliar. Y quedó afirmada la autonomía de los obispos como sujetos del proceso de conciliar.
Algunos obispos se destacaron en esta función.Entre ellos surgió con mucha evidencia y eficacia D. Helder Cámara, de Brasil y Mons. Larraínde Chile.
Otro momento importante se dio en ocasión del primer rachazo de un documento preparatorio. Era el esquema sobre la Palabra de Dios, donde entraban los temas polémicos de la Revelación, de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia. El texto había sido escrito bastante polémico, y muchos obispos comenzaron a pedir su rechazo.
Sometida a votación, fue declarada una clara mayoría en contra del esquema, pero no en el número suficiente de dos terceras partes, para rechazarlo. A continuación, Juan XXIII intervino, y por propia decisión mandó retirar el texto, para que fuese escrito en otro lenguaje más ecuménico.
Esto fortaleció la impresión en los
obispos que los autores del concilio eran ellos, y los
propios esquemas o programas preparados de antemanopodrían ser reemplazados por otros.
En el intervalo entre la primera y segunda sesión,antes de llegar a su muerte, el Papa Juan XXIII ordenó una reducción drástica en el número de esquemas preparatorios. Pues el Concilio ya había identificado el tema central, que sería la Iglesia,y muchos otros temas de menor importancia podrían ser integrados en este tema más amplio.
Así que, antes de su muerte, Juan XXIII podía estar seguro de que su gran sueño comenzaba a hacerse realidad.
6) Las grandes intuiciones del Concilio
Algunos dicen que este Concilio no tuvo densidad teológica.O incluso que no tuvo intención de
afirmar verdades. Que habría sido un Concilio
meramente "pastoral".
Nada más equivocado que esta afirmación.
El Vaticano II tuvo como gran tema de sus trabajos y sus documentos a la Iglesia, centrando su vocación y su misión en este mundo. Se trataba claramente deun Concilio "eclesiológico",como los primeros concilios fueronclaramente "cristológicos".
No es el caso aquí de desarrollar las grandes afirmaciones eclesiales hechas por el Concilio. Sólo voy a recordarlas brevemente.
La más estratégica, y la más densa, fue la visión de la Iglesiacomo Pueblo deDios, recuperando la dimensión bíblica del caminar de la Iglesia.
Paralelamente a esta declaración,
podemos colocar la Colegialidad episcopal,
afirmando la corresponsabilidad de todos los obispos en el gobierno
de la Iglesia,
estableciendo el equilibrio entro el primado de Pedro y la colegialidad episcopal. Así se sentaron las
bases para una visión de la
iglesia que se comparta al mismo
tiempo la unidad y la diversidad.
En estrecha relación con estas dos verdades, podemos ver cómo en ella se adapta bien a la importancia de la Iglesia Local,y el valor de todas las comunidadeseclesiales, como concretizaciones prácticas de la vida de Iglesia.
Y así, desde el Concilio, podemos irdesarollando una visión de Iglesia pueblo de Dios, dirigida por pastores que la llaman a la comunión fraterna y a la misión en el mundo como "sacramento de salvación universal".
7) La recepción del Concilio
Sabemos que la validez de un documento, o evento eclesial, se mide por la recepción que encuentra.
Una buena cuestión para evaluarla, en el jubileo del Concilio, es exactamente esta: verificar cómo fue la recepción del Concilio Vaticano II.
La celebración del jubileo de 50 años del concilio trajo consigo la esperanza de que esta recepción positiva del Concilio pueda ser retomada. Después de muchas resistencias encontradas, finalmente se abra un tempo de fecunda recepción del impulso renovador de la Iglesia, traído por el Concilio. Esta sería la intención de la celebración de este jubileo conciliar.
En cualquier caso, para nosotros aquí en América Latina, hace bien recordar que nuestra Iglesia fue la única que dio al Concilio una acogida continental, debido a la acción del CELAM, y las Conferencias Generales por él realizadas, muy especialmente la Conferencia de Medellín, en Colombia, que fue una especie de concilio para América Latina, haciendo repercutir entre nosotros el Vaticano II.
Al mismo tiempo, se debe admitir que, por desgracia, en este tiempo post conciliar, se vivió por demás un clima de desconfianza mutua entre la Curia Romana y la Iglesia en América Latina.
Estas sospechas estuvieron muy presente en Puebla y Santo Domingo, habiendo desaparecido casi por completo en la Conferenciade Aparecida.
Ciertamente, un diálogo maduro puede contribuirpara que las relaciones entre Roma y la Iglesia en América Latina se realicen siempre enplena confianza, que posibilite siempremantener la comunión eclesial, sin impedir la implementación de opciones pastorales adecuadas a nuestra realidad, para beneficio del fortalecimiento de toda la Iglesia,en la búsqueda de abrir caminos para la renovación eclesial soñada por el Concilio.
8) Las resistencias al proceso conciliar
Ahora se aprecia la gran
estrategia de Juan XXIII, para
eludir las posibles resistencias a
su propuesta de renovación eclesial a través de un Concilio. Pero al mismo tiempo, percibimos que estas resistencias no fueron superadas.Al contrario, ellas se aglutinaron durante el Concilio, y
fueron explícitamente manifestadas después del Concilio, llegando a rupturas que,
lamentablemente, todavía existen, y que se constituyen en drama personal para Benedicto XVI, en su esfuerzo por alcanzar la plena comunión con los pocos disidentes,poniendo casi en riesgo los avancesconciliares de toda la Iglesia conciliar.
Esperamos que estas dificultades, bien localizadas e identificadas, puedan ser superadas,y no impidan la continuidad de la renovación conciliar propuesta por este gran Concilio Ecuménico, que Dios concedió como gracia especial a su Iglesia en estos tiempos difíciles de cambio histórico que estamos viviendo.
Conclución
Después de 50 años del Concilio Vaticano II, nos
encontramos frente a un vasto panorama, que podría dar lugar a dos iniciativas que pueden ser complementarias.
Por un lado, constatamos cuán válido fue el Concilio Vaticano II,y cuánto más da para caminar a la luz de sus dos documentosy de los acontecimientos eclesialesque él suscitó.
Sin duda, la Iglesia puede seguir caminando, sustentada por las motivaciones del Concilio Vaticano II.
Por otro lado, la rica experiencia de los tiempos del Concilio, obligan a preguntarse si no sería válido experimentar nuevamente un intenso proceso conciliar, con la celebración de un nuevo concilio.
Esta segunda hipótesis es confrontada mucho más claramente con las posibilidades concretas de su realización.Y entonces nos damos cuenta de cómo iba a ser de difícil, y tal vez demasiado arriesgado, realizar un nuevo concilio en el estado actual en que se encuentra la Iglesia.
Además de lo complejo que sería la organización deun nuevo concilio, los profundos cambios acontecidos en las últimas décadas, resultaría un concilio que sería también completamente nuevo en su manera de realización.
En España hasta existe, una pequeña fundación, que se llama "Proconcil" que puede ser conocidaa través de internet, dedicada a reflexionar sobre la conveniencia de promoverun nuevo concilio.
De manera prudente, llegó a la conclusión de que, por ahora, conviene recuperar la dimensión conciliar de la Iglesia, que ya no es poco, volver a contar con la opinión de los obispos y del pueblo de Diospara decidir las cuestiones de la Iglesia.
En todo caso, tenemos la enorme tarea, en los próximos años, al celebrar el aniversariodel Concilio Vaticano II, ver cómo todavía podemos motivarnos con sus propuestas y sus sueños!
En este contexto, vale la pena traer aquí, brevemente, el sueño de uno de los cardenales que soñaron con la renovación eclesial que aún tenemos. Es el sueño del Cardenal Martini, presentado en el Sínodo Especial para Europa,en la década de los noventa, en preparación para el paso del nuevo milenio.
Permítaseme citar aquí otra vez, su sueño:
Sin decir que él estaba proponiendo un nuevo Concilio, al proponer que se debería llamar a "todos los obispos del mundo" para hacer frente a tres cuestiones:
Dentro de la Iglesia, para un replanteamiento del ejercicio de los ministerios, desde el ministerio petrinohasta los ministerios comunitarios confiados a los laicos.Por lo tanto, un cambio radical en la estructura ministerial de la Iglesia.
En la relación con otros cristianos, que se coloquen las bases de un amplio entendimiento teológico, que permita la aproximación progresiva y, finalmente la superación de las divisiones.
Frente al mundo de hoy, emprender una amplia reflexión sobre la urgente necesidad de la inculturación del Evangelio, para que la Iglesia de Cristo pueda asumir las características de las diferentes culturas existentes en el mundo, y no se limite a una sola de ellas, en el Occidente.
Si un concilio fuese convocado con estas intenciones, todos nosotros, sin duda, tendríamos muchas opiniones para dar y posiciones a asumir. Y lo haríamos con mucho entusiasmo.
Pero por ahora, con esta Jornada Teológica, sólo
estamos llamados a celebrar el 50
aniversario del Concilio Vaticano II, y retomar sus generosas intenciones de renovación eclesial.
Lo que ciertamente no es poco!
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