Reproducimos la carta enviada por la periodista Roxana Randi, quien tras sufrir actos de discriminación y violencia escribió sobre las injusticias que padecen las personas con discapacidad, que al pertenecer a las clases populares o a la clase obrera, son más crueles y reiteradas. (ANRed redaccion@anred.org).
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3 de mayo de 2012.
Las injusticias que padecemos las personas con discapacidad -que somos parte de las clases populares o de la clase obrera- son más crueles y reiteradas, que las que padecen otras personas con discapacidad que pertenecen a la burguesía. Tener el dinero en la sociedad en que vivimos te da una cuota de poder, sos alguien a partir de lo que tenés, de tu capital y no a partir de quién sos.
Puntualmente voy a referirme a las normas de tránsito que al no cumplirse terminan trayendo problemas sociales y algunas veces consecuencias fatales.
Ubicación geográfica
En la localidad de Caseros, Partido de Tres de Febrero, pcia. de Bs. As., la esquina de Avda. Urquiza y Andrés Ferreyra, es una esquina de mucho tránsito. Situada a una cuadra de la Estación Caseros del Ferrocarril San Martín y a una cuadra de la Sede de la UNTREF (Universidad Nacional de Tres de Febrero) ahí paran los colectivos: 53, 123, 181, 237, 343. Es una zona de gran circulación y detención de: colectivos, autos particulares, remises, camionetas y camiones. El crecimiento exponencial del parque automotor tiene sus consecuencias, y éstas las terminamos padeciendo quienes vamos a pie, es decir, los que no poseemos la comodidad del auto o la camioneta 4x4. Las personas que manejan los vehículos no tienen miramientos a la hora de estacionar, y lo hacen en lugares prohibidos: paradas de colectivos, rampas, donde está prohibido estacionar claramente y el cordón está pintado de color amarillo, etc. Sin embargo, esto es así porque ante la falta de controles de los espacios destinados para estacionar reina la impunidad. Gracias a la "gestión” de la Secretaria de Transporte del Municipio de Tres de Febrero, del que Hugo Omar Curto es Intendente, por cuarta vez consecutiva. Esta secretaría no diseñó una gestión para ordenar el tránsito en la ciudad de Caseros y alrededores, ni siquiera teniendo en cuenta que Caseros ha crecido geométricamente en los últimos años, tanto en su población como en la cantidad del parque automotor. Tampoco consideran que un ordenamiento del tránsito puede mejorar la calidad de vida de la gente que vive en la ciudad cabecera del Distrito. La falta de gestión también es una gestión. Cuando se omite tomar una decisión para solucionar una problemática, también se está decidiendo.
El hecho
El día 24 de abril estaba esperando el colectivo 123 en la esquina mencionada anteriormente. A las 20:05 un camión de sustancias alimenticias llega al lugar, el conductor comienza a hacer maniobras para estacionar en el espacio destinado a la parada de los colectivos. Decidí hablar con el chofer del camión para explicarle por qué allí no podía estacionar. De pie con mis bastones frente al camión le dije: "Si dejás el camión acá, yo no puedo viajar porque el colectivo no puede arrimar al cordón, y si no arrima al cordón no puedo subir al transporte público.” Mientras le decía esto, él me miraba, miraba a su compañero y ambos se reían, se encogían de hombros y seguían acomodando el camión.
Era la primera vez que no estaba sola, o con alguien de mi familia en una situación así. Segundos más tarde, una chica muy joven desde la vereda le gritó: "¿De qué te reís, no escuchas lo que te dice, no ves que está discapacitada y no puede subir si dejas el camión acá?” Sin embargo, el chofer no cambiaba de actitud. Volví a la calle para hablar con el chofer. Su ventana estaba cerrada era el reflejo de su actitud. Le dije: "mirá, acá no se puede estacionar y vos lo sabés. No es horario de descarga de mercadería, o sea que estás haciendo todo mal y me estás jodiendo porque necesito volver a mi casa y si dejás el camión acá no puedo subir al colectivo”. Continuó riendo y mirando al costado. Hasta que exploté -cuestión que me duele cuando del otro lado hay un laburante, un trabajador-. Arremetí y le dije: "Si no sacas el camión de acá te voy a denunciar al INADI, soy periodista y mañana vas a salir en todos lados”. Mayra, la jóven que estaba apoyando mi reclamo, bajó a la calle y de frente al camión dijo: "¿no escuchás lo que te dijo? Sonreí para la foto”. Y tomó una foto con su celular. El patotero del camión, encendió el motor y aceleró con el camión frente a Mayra. Instantáneamente le grité: "¡subí a la vereda!”. En cuestión de segundos otro chico muy joven bajó a la calle y gritó: "¿qué hacés, vas a pasar por encima de mi novia? ¡Hijo de puta!...” y desafió al chofer a bajarse. El camionero amagó a bajar, pero no lo hizo, y cuando el joven se le acercó a insultarlo, el patotero lo escupió. El rostro de Joel se transformó. Segundos más tarde, el patotero arrancó el camión dejando libre el espacio destinado para los colectivos.
Agradecí de todo corazón a Mayra por haberse solidarizado, y vuelvo a agradecer su solidaridad a través de este texto. Fue la segunda vez que en quince días viví momentos de mierda relacionados con la falta de cumplimiento de las normas de tránsito, el transporte automotor de pasajeros y el crecimiento exponencial de automóviles particulares. Esta vez decidí hacer la denuncia no sólo por mí, sino también por Mayra y Joel que estuvieron y están conmigo. No es casualidad que las personas que me brindaron su solidaridad sean dos jóvenes, pienso como decía el CHE que: los jóvenes son potencialmente revolucionarios, porque a su corta edad no están corrompidos y su sentido de justicia está a flor de piel. Con Mayra intercambiamos mails y teléfonos. Creo que lo más valioso de ese día fue que hice una nueva amiga, Mayra, una joven sensible dispuesta a enfrentar la injusticia y la inhumanidad en la que esta sociedad capitalista intenta sumergirnos todos los días. Mayra me mostró que aunque lo parezca no siempre gana la falta de humanismo y el desamor. La patente del camión que intentó pasar por encima de nuestros derechos, y avanzó para pasar por encima de Mayra es: FRS 013.
Los motivos
La falta de control estricto de las normas de tránsito, más el crecimiento exponencial del parque automotor en la Ciudad de Buenos Aires y en las zonas periféricas de la provincia de Buenos Aires terminan convirtiendo a esta zona en un verdadero caos de tránsito por donde tenemos circular, y "sobrevivir” en ese caos. La ciudad, y las zonas céntricas de nuestros barrios se parecen cada vez más a un campo de batalla en el que cada uno/a intenta terminar el día con vida. Lo terrible es que la mayoría no se plantea lo que debe y no debe hacer para cumplir ese objetivo, pisan la cabeza de otro ser humano sin siquiera planteárselo. Nuestra sociedad cada día destila más violencia, pocos prefieren verla, la mayoría decide ocultarla; y menos aún nos resistimos a vivir de esa manera y nos proponemos cambiarlo todo.
Cuando suceden tragedias donde se pierden vidas, como el choque de la formación del Ferrocarril Sarmiento contra el paragolpes de la Estación Once, en febrero de este año, que dejó 51 muertos y muchas más familias destrozadas, ahí vienen los planteos. Sin embargo, la presidenta Cristina Kirchner en ningún momento se planteó, ¿A qué modelo de ciudad y conourbano bonaerense nos llevará la compra indiscriminada de automotores que consumen combustibles no renovables, y contaminan el aire con los desechos de la combustión de los derivados del petróleo? Sólo se le ocurre decir, que la gran cantidad de nuevos automóviles en la calle y la mayor cantidad de patentamientos es parte del "crecimiento económico más alto de la historia”.
El crecimiento exponencial del parque automotor que vemos en la calle, tiene su repercusión inmediata entre las personas de a pie, que vemos permanentemente vulnerados los derechos básicos de tránsito por la ciudad y por el conourbano. Mientras simultáneamente y sin planes a la vista para cambiar la situación, el transporte público de pasajeros tiene un servicio cada día más deficiente, transportándonos como ganado a nuestros trabajos y a nuestros hogares. En este contexto, las personas con discapacidad somos un problema para muchos choferes de colectivos, incluso para aquellos que manejan unidades adaptadas para personas con discapacidad, o con movilidad reducida. Los choferes de estas unidades deberían recibir unas cuantas clases sobre valores humanos. Se los debería capacitar para hacer ese trabajo. En cambio, no respetan ni los valores humanos básicos, no son capaces de mirar a la persona que está en una situación de vulnerabilidad para ayudarlo/a, sino que cuando pedís que te arrimen al cordón sólo piensan en que se les puede "rayar el espejo”, y/o se le puede "rayar la cubierta”. Sí, no es un chiste. Esa es la respuesta que he tenido más de una vez cuando solicité amablemente si podrían mover el coche colectivo hasta al lado del cordón. Si una persona con discapacidad no puede bajar en condiciones de seguridad del vehículo para no lastimarse eso no es importante. Porque para nuestra sociedad los valores centrales son: la propiedad privada, el capital y los bienes materiales; y no el ser humano. Todo está organizado para que una mínima cantidad de personas viajen cómodas y "seguras” en sus autos particulares, a razón de una a dos personas por auto como mucho. En este contexto los seres humanos de a pie pasamos a ser personas de segunda categoría y las personas que padecemos de una discapacidad personas de tercera o cuarta categoría. Porque "entorpecemos”, porque con nuestro problema "nos desplazamos o caminamos más lento que el resto”. Entonces, ¿cómo pedirle a un chofer de colectivo que espere hasta que la persona que tiene el problema de salud esté a salvo en un asiento? Eso es un imposible, no podemos olvidar que uno de los valores fundamentales para el capitalismo y que se pone en juego durante todo el proceso de producción es el valor tiempo. Estos hechos nos tienen que servir para reflexionar, nuestra sociedad entró en descomposición y los seres humanos están totalmente alienados con las nuevas tecnologías. Fantásticas computadoras portátiles tan pequeñas que entran en el bolsillo de un saco. Miles circulan por las calles conectados/as todo el día con el celu a internet, y las redes sociales, y paradójicamente van desconectados todo el día de la realidad social en la que viven.
Agradezco y abrazo especialmente a Mayra y Joel; y a la familia de Mayra que me apoyan en el reclamo por mis derechos.
Un fraternal abrazo a todas y todos los/as compañeros/as que creen en el periodismo como una profesión desde la cual podemos: develar la verdad, buscar la justicia, mostrar la realidad que el sistema capitalista intenta encubrir día a día: que millones vivimos bajo la línea de la pobreza, que estamos desocupados, que tenemos trabajos precarios, o trabajamos en negro. Que somos millones los que no tenemos techo, los que no nos alimentamos bien, los que soportamos las torturas del Sistema Penitenciario Federal Militarizado, que miles repudiamos la Ley Antiterrorista enviada por la presidenta Cristina Kirchner al parlamento, y aprobada por el Congreso de la Nación casi sin debate; que no queremos migajas ni asistencialismo, sino trabajo genuino para sostener nuestras familias con dignidad, que no estamos dispuestos a seguir viviendo de rodillas mientras nos intentan convencer que estamos mucho mejor en un país en el que "se respetan los derechos humanos” mientras: nuestros hermanos originarios mueren por desnutrición, no respetan su cultura milenaria, ni sus tierras ancestrales; muere una mujer por día en abortos clandestinos, las redes de trata de personas desaparecen entre 14 a 17 mujeres, niñas/os y adolescentes por día, para explotación sexual, laboral, etc.
Pero tenemos el orgullo que nuestro país firmó la "Declaración Universal de los Derechos del niño, niña y adolescente” que hace plenos los derechos de los/as niños/as. Claro, salvo aquellos niños/as que tienen la mala suerte de caer en manos de la trata de personas, pero aún así se "respetan los derechos humanos”. Hay una frase del CHE que dice: Si el presente es de lucha, el fututro es nuestro. Y ese ejemplo es el que me impulsa a seguir luchando por la autodeterminación de los pueblos, por crear poder obrero y popular, por derribar todas las injusticias en nuestra tierra, y en nuestro continente hasta el día en que no haya un sólo niño con hambre, hasta que la salud y la educación no sean privilegios sino derechos universales, hasta el día que no haya explotadores, ni explotados; hasta el día en que derribemos la opresión del patriarcado.
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